Nadie duda del potencial de crecimiento de coworking y desde luego no es sólo la motivación económica sino por la posibilidad de establecer colaboraciones que a la postre beneficien a los diversos agentes participantes.

Facilitar e incentivar el trabajo colaborativo se asienta como la tendencia predominante dentro del management, convirtiéndolo en un entorno ideal para emprendedores que quieran explotar un nuevo modelo organizacional.

Al fin y al cabo supone llevar a lo terrenal cualquier conectividad potencial que en muchos casos es generada gracias a las tecnología sociales con el fin de mejorar y cooperar entorno a una idea que conlleve una mejora sustancial para las partes implicadas.

Siendo el espacio de coworking en estos casos,  el encargado de  evitar las fronteras de espacio, generar sociabilidad y con ella la oportunidad de generar interacción y flujo de ideas.

Sería un grandísimo error limitarlo sólo a freelances o cualquier tipo de ente individual ya que también las grandes empresas puede encontrar en este modelo organizativo una vía para encontrar respuesta a un mercado cada vez más exigente y complejo. Valga de ejemplo el archiconocido caso de Nespresso, utilizado para ejemplificar que es posible hacer las cosas diferentes dentro de la misma empresa.

Dichos espacios y dinámicas favorecen la innovación entre los empleados y enriquecen las colaboraciones externas. Logrando afianzar el compromiso y motivación de las personas siendo las personas el eje desde el que conseguir  cualquier mejora productiva.
La sociedad red requiere de un modelo organizativo totalmente transformado, superando los modelos jerárquicos y requisitos de permeabilidad y conectividad. Una cosa está clara, y es que los requisitos mencionados no son el futuro y marcarán el devenir de las empresas sino que son el propio presente de las mismas para garantizar una adecuación a las nuevas formas de trabajar permitiendo obtener los mejores resultados.